El mago Steve Jobs

Siempre he creído que el mejor apoyo de una buena teoría es un ejemplo práctico anclado en la realidad y que los grandes hombres, y también los grandes empresarios, y sus experiencias son algunos de los mejores ejemplos a seguir. Uno de mis favoritos es Steve Jobs, a quien casi calificaría de mago más que de hombre de negocios. ¿Cómo si no se puede conseguir reinventar un negocio hasta cinco veces, revolucionar un mercado hasta cinco veces, conseguir para una compañía cinco hitos que han marcado historia?.

Una de las teorías sobre las que suelo debatir mucho últimamente es la que la profesora Renée Maugborgne ha llamado de los Océanos Azules; una idea que ya comentábamos los expertos del marketing antes de este famoso libro: la forma de triunfar en el mundo de los negocios es ser capaz de encontrar mercados vírgenes, ser capaz de crear o inventar mercados y demanda. ¿Hay alguien que lo haya hecho mejor que Jobs?. Repasar su historia es hacer un viaje hacia la constante reinvención, hacia la innovación y la valentía:

A estas alturas, todos nosotros sabemos que terminaremos con un iPhone en el bolsillo, que el teléfono móvil se ha reinventado y esperamos impacientes a conocer más detalles de este nuevo aparato que será, sin lugar a dudas, fundamental en nuestras vidas en un breve plazo de tiempo. Pero lo que a mí más me maravilla no es sólo llegar a tener en breve ese cacharrito en mis manos, lo que me sigue asombrando es cómo un visionario en el mundo de la tecnología ha sido capaz de llevarnos de la mano a millones de personas detrás de sus inventos. Unos inventos que nos han cambiado la vida, que nos la han mejorado, que siempre se han adelantado a nuestros deseos y nuestras necesidades.

La figura de Steve Jobs es conflictiva en muchos sentidos. Se ha escrito mucho sobre él, ha bregado y sigue bregando en muchas batallas, pero lo que nadie le puede negar es que ha sido capaz de dar a sus proyectos la magia y el éxito que todos los empresarios querrían para los suyos.