Hay gente que hace de su última voluntad una auténtica declaración de intenciones y de filosofía de vida. son conocidos los epitafios originales y llamativos de algunos famosos como Groucho Marx ("Perdone usted que no me levante") o los deseos de ser congelado de otros como Walt Disney. pero, divertidas o exageradas, no dejan de ser extravagancias que, al fin y al cabo, añaden una nota de color en un acto que nos tocará a todos y que resulta de lo más tradicional e inamovible desde hace siglos.
Aparte de rituales religiosos y costumbres sociales distintas según las culturas, los servicios funerarios no han cambiado ni, previsiblemente, iban a cambiar por los siglos de los siglos. Sin embargo, como ejemplo perfecto de la teoría de los océanos azules de la que hablamos mucho últimamente entre los especialistas en marketing, también es un sector en donde algunos empresarios han sabido innovar y encontrar su mercado virgen.
La demanda existe por vía doble. Por un lado, hablamos de una situación en la que las familias están especialmente afectadas. No hay duda de que las funerarias y las compañías de seguros que cubren decesos se enfrentan a un cliente muy distinto al del resto de los productos y servicios. primero, porque psicológicamente, la situación es dura y, a veces, especialmente dramática, en una cultura en la que normalmente no se nos enseña a enfrentarnos a la muerte con naturalidad. Segundo, porque intervienen muchos factores subjetivos que hacen de este servicio un mal necesario y nunca buscado o demandado de forma personal y por iniciativa de los clientes.
Por la vía del medio ambiente, las autoridades ya se han puesto en marcha para solicitar cambios ante lo que se avecina como un auténtico problema de salud pública. Y es que la única innovación que se ha convertido en una generalidad en los últimos años es que, tras la incineración, las cenizas de los fallecidos reposen en los lugares más insospechados y nunca preparados específicamente para ello.
Pues bien, la empresa ha hecho una vez más gala de su inventiva para convertir esas dos peculiaridades en un nuevo mercado: una oferta distinta para el último reposo. en España, hay ejemplos muy imaginativos. La empresa catalana Server Funerais Integrals ha creado El Bosque de la Calma, un espacio que permite conservar las cenizas de los incinerados en una urna biodegradable destinada a enterrarse para plantar encima un árbol. La oferta se completa con innumerables detalles que son auténticos guiños para agradar a las familias: los árboles son siempre especies de hoja perenne, se adornan con una placa con el nombre del fallecido y reposan en un espacio natural en lo alto de la montaña y con vistas al mar.
El Ayuntamiento de Almonte, en Huelva, ha tomado la iniciativa, forzado por los innumerables ciudadanos que llevaron su fervor por la virgen de El Rocío a llenar sus lagunas y contaminarlas, de crear un cementerio específico para el descanso de las cenizas cerca de la patrona. Más original es la propuesta de una compañía suiza, Algordanza, que, traducido de la lengua romanche significa "recuerdo", que propone a los familiares someter a un complejo proceso las cenizas de sus seres queridos para convertirlas en un diamante azulado de gran pureza. Basado en las técnicas de obtención de piedras sintéticas a través del carbón, el servicio cuesta entre 3000 y 10000 euros y se está extendiendo como la pólvora entre funerarias y joyerías.
Y, si de imaginación se trata, la de la empresa pequinesa Haisitang supera los sueños de los demandantes. Por el módico precio de 2000 euros, la compañía ofrece enviar tres pelos del fallecido y una fotografía al espacio, mientras que por 6700 envía site gramos de cenizas insertados en un pequeño contenedor del tamaño de un lápiz de labios.
Ya no existen sectores inmovilistas, sino sectores en donde no han sido descubiertos los océanos azules.