El fin de los modelos turísticos tradicionales

Las empresas del sector turístico se enfrentarán, durante los próximos cuatro años, a la necesidad de introducir cambios profundos en sus estrategias de negocio para adaptarse a transformación que está experimentando el mercado nacional. La progresiva desaparición de las vacaciones estacionales, la modernización de las infraestructuras de comunicaciones y el cambio en el perfil de los viajeros, tanto por motivos de ocio como profesionales, obligan a las compañías del sector a desarrollar nuevas ideas que permitan atraer y fidelizar a un público cada vez más exigente.

Daemon Quest estima que, entre 2007 y 2010, el sector turístico nacional mantendrá un ritmo de crecimiento superior al 3% anual, aunque la base principal de dicha evolución será el aumento de los desplazamientos cortos frente a las estancias prolongadas. El papel del cliente será clave en la definición de las nuevas demandas del sector, que tiene que adaptarse a las necesidades de un usuario más informado que utiliza Internet para eliminar intermediarios y hacerse con el máximo control del proceso de contratación de los paquetes turísticos.

El hecho de que la demanda no se esté concentrando en los principales periodos vacacionales, sino de forma homogénea a lo largo de todo el año, ha empezado a afectar a los destinos más habituales, tanto en el interior del país como en la costa. Para mantener el flujo de visitantes y adaptarse a las nuevas exigencias del público potencial, se está potenciando el desarrollo y la imagen de determinados destinos turísticos. El éxito de este tipo de iniciativas, sin embargo, exige vincular servicios, medios de transporte, imagen y mensajes comerciales para atraer a un público global, y facilitar ventajas fiscales y legislativas que atraigan la inversión y refuercen este tipo de proyectos.

La aparición de nuevos centros de tráfico de pasajeros está llevando a la redistribución del turismo, así como a la generación de alternativas muy interesantes a los destinos más populares. Fruto de esta circunstancia, el fenómeno de las compañías de bajo coste, o “low cost”, ha podido comenzar a expandirse gracias a la buena accesibilidad a aeropuertos locales con menor tráfico aéreo que ofrecen, a cambio, mayores ventajas a las compañías que establecen en ellos sus bases operativas.

A lo largo de los próximos cuatro años, se asistirá a la diversificación del concepto “low cost”, que pasará de las compañías aéreas a otros sectores vinculados al turismo y al ocio. El cliente sólo desea pagar por el servicio contratado, y cada vez menos aspectos adicionales que considera que encarecen el coste y no aportan valor añadido. La primera parada de esta evolución está siendo la industria hotelera, pero en breve la fórmula de los servicios de bajo coste aplicados al mundo del ocio y el turismo llegará más lejos:

La elevada competencia de mercados emergentes en el terreno del turismo costero está poniendo en duda la viabilidad de este modelo, obligando a buscar nuevas fórmulas rentables y compatibles con los cambios en el perfil de los clientes. Nuestros últimos análisis detectan, en este sentido, varios aspectos de importancia en los que Portugal parte con una ventaja competitiva importante que puede aprovechar para diversificar su oferta: el turismo de convenciones e incentivos por la elevada oferta de servicios, su alta calidad y la diferencia de costes con otros mercados occidentales.
Por otro lado, el turismo cultural, que pese al gran patrimonio portugués, no se han desarrollado ofertas culturales atractivas asociadas a los principales núcleos urbanos. Dado que el interés por las expresiones culturales es la mayor motivación de los nuevos turistas, las empresas y entidades locales deben trabajar en el desarrollo de paquetes integrados de actividades que vinculen la oferta cultural a la oferta de servicios de la ciudad.

En todos estos casos, el conocimiento del cliente y de sus intereses reales como persona, y no como miembro de un colectivo genérico, proporcionarán una ventaja competitiva que marcará la diferencia entre aquellas empresas que aprovechen esta circunstancia y las que sigan ancladas en viejas fórmulas. Sin duda, la personalización de la oferta será un factor clave en la toma de decisiones de pago y compra.