Si la optimización de la fuerza de ventas es un desafío al que han de hacer frente todos los sectores cuyas redes comerciales son críticas, en el caso de la industria farmacéutica este reto se ha transformado en una necesidad imperiosa.
Los laboratorios se enfrentan a crecientes presiones, que agudizan la lucha por la competitividad en el sector. En primer lugar, el entorno regulatorio de las visitas médicas se está tornando cada vez más severo. Por otra parte, la contención del gasto sanitario que se han marcado como objetivo las Administraciones Públicas se ha traducido en un incremento de la presión fiscal sobre la industria farmacéutica y, paralelamente en un apoyo claro a la comercialización de medicamentos genéricos.
A este entorno cada vez más estricto, se suma un proceso de investigación, lanzamiento y comercialización del producto extremadamente complejo. Las actividades de I+D desarrolladas por los laboratorios desde los primeros trabajos de investigación sobre una molécula, hasta que el medicamento consigue definitivamente ver la luz suelen durar, de media, unos 10 años. Dado que el plazo máximo concedido por ley para explotar un medicamento con marca registrada es de 20 años, la industria farmacéutica dispone tan sólo de un promedio de 10 años para sacar el máximo partido a un medicamento, antes de que éste pase irremediablemente a transformarse en especialidad genérica.

El apoyo de las Administraciones públicas a los genéricos –por el ahorro que suponen- junto con la “guerra comercial” que han desatado estos fármacos –cualquier laboratorio, independientemente de su tamaño o know-how, puede “copiar” un genérico-, han redoblado las presiones sobre el sector: en España, el crecimiento de los medicamentos genéricos es exponencial.
En este contexto, los laboratorios encuentran pocas salidas para mantener un ritmo sostenido de crecimiento... Tras la inversión en I+D, la fuerza de ventas constituye, casi siempre, su mayor partida presupuestaria, por lo que todos los laboratorios están dirigiendo hacia ella su foco de atención, como medio de optimizar costes.
Frente a decisiones radicales como las reestructuraciones de plantilla, las acciones de Inteligencia de Clientes son la alternativa adoptada de forma progresiva por la mayoría de los laboratorios. La apuesta de las grandes compañías farmacéuticas por una optimización de sus redes comerciales no sólo obedece a criterios relacionados con la mera eficiencia económica, sino que repercute directamente en beneficio del bienestar social del paciente, que accede a mejor servicio y atención.
Las acciones de Inteligencia de Clientes actúan fundamentalmente en dos ámbitos:
Desde Daemon Quest constatamos que la apuesta del sector farmacéutico por técnicas de Customer Intelligence es cada vez mayor; de hecho seis de los laboratorios que están aplicando programas de Sales Force Effectiveness se situaron el año pasado en los primeros puestos del ranking de crecimiento de ventas, según datos difundidos recientemente por IMS[i].
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[i] Expansión / El País "Negocios". Fuente IMS. Datos de medicamentos con receta de venta en farmacia. Primer Trimestre 2004.