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Durante las últimas décadas, las grandes corporaciones han emprendido una desesperada carrera de fusiones y adquisiciones. Sectores como la banca, los seguros, las telecomunicaciones, la industria farmacéutica o la automoción han sido los principales protagonistas de esta carrera por la reducción de costes, la optimización de recursos, la búsqueda de nuevos y prósperos mercados, y el crecimiento económico.
Sin embargo, el valor que se genera rara vez hace rentable
El problema se plantea cuando se da un valor que no tiene a la parte intangible de la compañía que se adquiere. Cuando
Cuando se realiza una operación de fusión o de adquisición, se deja en manos de la banca el cálculo del valor de los intangibles. El capítulo del fondo de comercio es el cajón de sastre donde se contabilizan aspectos como el conocimiento, los empleados o la marca, pero suele hacerse sin criterios lógicos y dejando de lado a los clientes.
Existen conocidas fórmulas para estimar el consumo de un cliente, como ARPU (Average Revenue per User) o MOU (Minutes of Usase), pero se centran sólo en un aspecto del valor total - el consumo -, del que debe ser ampliado con métricas mucho más completas (rentabilidad, coste de adquisición, valor como cliente, frecuencia, recurrencia...), para reflejar el auténtico valor del cliente y su capacidad de recorrido.