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No se puede contestar a estas preguntas con victimismo. Las respuestas no son tan simples como “los financieros son malos y los marketinianos demasiado blandos”. Gran parte de la responsabilidad de los errores que ha cometido el Marketing tradicional está en manos de los propios profesionales de esta disciplina.
Si se piensa detenidamente, parte del respeto que las compañías profesan a los financieros se debe a que se amparan en el rigor irrefutable de los datos y se atienen a ellos. ¿No deberíamos los profesionales del Marketing dotar de idéntico rigor y prestigio nuestro proceso de decisiones?
De los tradicionales errores del Viejo Marketing dos han de ser urgentemente subsanados. El primero es que la intuición y la experiencia, dos de las herramientas que han guiado convencionalmente las decisiones de los “marketinianos” son necesarias, pero claramente insuficientes. Si el Marketing aspira a ser considerado estratégico debe copiar lo mejor de las Finanzas y disciplinarse, además de acostumbrarse a basarse en rigurosos datos; no sólo en bonitos planes de “pinta y colorea”. Está bien ser creativos, pero también ser críticos y decisivos.
El segundo error es que el producto ya no es la estrella. De hecho, nunca lo ha sido. La auténtica estrella es el cliente. Olvidémonos pues de las famosas “cuatro Ps”, que han cumplido con creces su misión durante demasiado tiempo, y que hasta el venerable Philip Kotler da por superadas.
Desde DAEMON QUEST les invitamos a apostar por un Nuevo Marketing empírico, relacional, dialogante e interactivo con su entorno, y dónde sólo haya un rey, que nunca debió dejar de serlo: el cliente.