Daemon Quest

La era del cliente rey es un fiasco

Versión en PDF Send this page Versión para imprimir


La probabilidad de que su paciencia esté al límite es demasiado elevada en nuestro país

¿Quién se siente un cliente maltratado? Desgraciadamente, la respuesta es demasiado fácil: todos. O nos sentimos o nos hemos sentido clientes maltratados en algún momento. Custodio Mercader, el personaje que vive unos atribulados cuatro meses de su vida, recién estrenada su paternidad, su nueva casa y con posibilidad de ascenso en su trabajo, peleándose con tanta gente que ni recuerda ya cada batalla es una metáfora de todos y cada uno de los pobladores de este planeta. ¿O no?

Seguro que de los miles de personas que diariamente atestan los aeropuertos podríamos recabar anécdotas iguales que la de Custodio a la espera de su vuelo de Moving 7273 con destino Lisboa. 97 personas en la cola y tres horas largas de espera con sucesivas excusas farfulladas a través del personal de tierra: que se ha perdido un slot, que se embarca en media hora, que ya están terminando de poner a punto el avión.

Cuando los ánimos de los pasajeros andan ya suficientemente caldeados, a través de los cristales de la Terminal 4 del aeropuerto de Barajas, se vislumbra un equipo de mecánicos que, con llave inglesa de medio metro en mano, empiezan a desmontar las piezas de uno de los motores del aparato. En cadena, un operario desmonta y los otros colocan cuidadosamente las piezas entresacadas del motor en el suelo de cemento para poder después ponerlas en orden.

Un pasajero inicia la protesta preguntando por el ingeniero aeronáutico y las autoridades que van a supervisar ese arreglo. El azafato de turno, con aires indolentes, asegura que hasta las siete horas de espera nadie tiene derecho a devolución del billete y desaparece para buscar unas improvisadas hojas de reclamaciones. Reuniones anuladas en llamadas de móvil nerviosas, paciencia al límite entre los pasajeros y llegada a Lisboa con cuatro horas de retraso.

No es la única aventura que vive Custodio en un aeropuerto, esos deliciosos lugares de pasillos interminables donde una huelga de celo del personal de seguridad puede hacer a cualquiera desear la muerte temprana o, por lo menos, no volver a viajar ni en vacaciones. Uno de esos embudos en los que cuatro seres humanos ajenos en todo a tu vida se pegan contra tu cuerpo y son más causantes de su movimiento que tus propias piernas. Dos horas de lucha entre sudores, con la mano temblando asida al portátil, para llegar ante una sonriente guardia que te deja medio desnudo delante de cuatro detectores con tus enseres personales esparcidos en varias bandejas de plástico.

Sí, un lugar agradable el aeropuerto. Menos mal que después de la experiencia uno puede finalmente dejar en manos de una amable taxista, limpio y poco charlatán, la llegada al remanso de paz que es el hotel. Bueno, remanso si es que han tomado bien nota de tu reserva porque si son las dos de la mañana, no has cenado, necesitas que te planchen el traje, tienes que levantarte a las cinco para una reunión y no encuentran tu reserva y terminas en otro taxi camino de un hotel situado a diez kilómetros que te va a obligar a dormir una hora menos, el calificativo cambia.

Es mucho mejor en tierra, piensa siempre uno. Al final, es el medio natural del hombre. Pero no para el pobre Custodio. Con su casa recién estrenada y después de una mudanza que no ha dejado libres de magulladuras a muchos muebles, la peor de sus pesadillas tiene como protagonista al responsable del servicio postventa de la constructora Valle Bonito, que ha decidido que en unas viviendas comercializadas y cobradas como si fueran de lujo, tampoco pasa nada por que haya unas cuantas chapuzas.

Los primeros días en la flamante casa casi logran acabar con los ánimos de sus compradores. El aire acondicionado no funciona; uno de los baños está atascado; los muebles de la cocina tienen unas sospechosas manchas que no hay quien limpie; la alarma de incendios hace saltar el sistema domótico cada vez que se utiliza el horno; hay persianas que no suben ni bajan … Custodio se arma de paciencia infinita para protestar la lista de agravios mientras ve pasar una sucesión de expertos por su casa con las más ridículas propuestas sobre cómo solucionar los desperfectos. Desde el fontanero que quiere hacer obra en el piso de abajo porque “el atranco debe ser cosa de tuberías” hasta los expertos en aire acondicionado que han tenido la genial idea de colocar máquinas incompatibles en cada piso de su dúplex, con lo cual es imposible que vaya a conseguir que funcionen.

De esa infinita paciencia salieron los seis meses que tuvo que esperar hasta que pudo ver algunos de los desperfectos resueltos (otros no) igual que su madre, esmerada abuela de su nieto de cinco meses, enganchada al móvil como toda mujer independiente que se precie, que no lograba la portabilidad de su número para cambiar de compañía porque, aunque como usuaria tenía todo el derecho, los trámites a los que la sometía su proveedor rozaban la ridiculez más absoluta.

Pero si con este tipo de trances, Custodio Mercader podía sentirse un cliente maltratado, el rizo del rizo llegó al quedarse tirado con su coche recién salido del concesionario. Una de estas mágicas máquinas modernas con todas sus conexiones electrónicas y a las que ningún mecánico entiende bien por qué el único capaz de comprender e identificar el origen de la avería es otro ordenador.

Como es invierno y se acerca el fin de año, nuestro atribulado cliente intenta poner buena cara al mal tiempo y juntar a su dispersa familia aprovechando el estreno de su casa, el nacimiento de su hijo, el posible ascenso que le aguarda. La tierna imagen de la familia reunida alrededor de una mesa de camping porque los proveedores de la bonita mesa con sus sillas y su sofá para su nuevo salón tampoco han sido especialmente cumplidores. Es lo que suele ocurrir cuando tienen que viajar los muebles desde el centro de Europa y los operarios se equivocan al cargar los camiones de transporte.

Las velas sobre la mesa de camping, el cordero en el horno haciendo saltar la alarma de incendios, la familia reunida y, por lo menos, pensaba Custodio, como no es verano, no necesitamos el aire acondicionado.

Y usted, ¿se siente un cliente maltratado?

Post new comment



The content of this field is kept private and will not be shown publicly.

*

The Marketing Intelligence Review

First publication in marketing and clients strategy

Books & publications

Todd Stein

Segmentation strategies

All the keys to getting the most critical marketing decision right Abstract Toughening...

Mi Cliente - Expansión

Keys to optimizing the Sales Force

Sales activity is fundamental, vital, and very complex for any company. A recent study undertaken...